Lagunas en la educación

El profesor Eduard Punset en su artículo ¿Qué echan en falta los niños?, publicado por el Semanal, día 1-III-2009, realiza las siguientes reflexiones:
“ La experimentación científica ha puesto de manifiesto que “ a lo largo de la vida resultan esenciales una mayor autoestima, una mejor capacidad para gestionar las emociones perturbadoras, una mayor sensibilidad frente a las emociones de los demás y una mejor habilidad interpersonal, pero los cimientos de todas estas aptitudes se construyen en la infancia”. Son palabras de Daniel Goleman y Linda Lantieri, expertos en lo que ahora denominamos “educación social y emocional”.
“Es el mejor atajo para que disminuya la violencia en las sociedades modernas”.
“…se constata el tremendo error cometido por los dos bandos, igualmente dogmáticos, del Gobierno y la oposición, en torno a la asignatura de educación para la ciudadanía”.
Esta disciplina pone énfasis, equivocadamente, en la difusión de valores que siempre serán sospechosos de derechas o de izquierdas”.
“Frente a esta plenitud de argumentos, se advierte la ausencia escalofriante de libros o asignaturas científicas sobre el aprendizaje social y emocional. ¿Qué es lo que echamos en falta o lo que echan en falta los niños al ir a la escuela?
Ø “Primero: Saber lo que les pasa por dentro. Comprender cómo la inseguridad y el miedo influyen en su comportamiento. Desarrollar un vocabulario emocional sólido con el que puedan comunicarse con el resto.
Ø Segundo: Identificar los sentimientos de los demás para aprender a ponerse en su lugar. El desarrollo de la empatía permite construir una sociedad cohesiva.
Ø Tercero: Aprender a gestionar las emociones básicas y universales. Son intangibles pero son el único activo con el que se viene al mundo.
Ø Cuarto: Diseñar, ejecutar y evaluar soluciones responsables a los problemas, y no adoptar posicionamientos dogmáticos que no se han podido o querido comprobar.
Ø Quinto: Resolver conflictos para mantener relaciones sosegadas con los demás. Rechazar aquellas decisiones que impliquen violencia o agresión”.
“ Distintas pruebas científicas demuestran que los niños educados con prácticas afines a estos criterios son más felices, confían más en sí mismos y son más competentes social y emocionalmente. Además, resulta que una buena educación social y emocional también mejoraría nuestros maltrechos resultados académicos”.
“Antes de atisbar la vida eterna o los valores de la democracia la infancia necesita calibrar el impacto insospechado del desprecio, controlar la ira o comprender los mecanismos para ponerse en el lugar del otro”.
Sería interesante que este instructivo artículo formara parte del libro de cabecera de todo el profesorado y que los políticos recibieran un cursillo acelerado sobre estos conceptos con el fin de que elaboraran, de una vez por todas, una leyes educativas que tuvieran como prioridad al niño y al profesor y se dejaran de dogmatismos y partidismos absurdos, más propios de épocas pasadas.
La educación no debe ser motivo de enfrentamientos ni de palestras políticas sectafrias y dogmáticas.
7-III-2009
Alva