El sueño

Ofreceremos a continuación una serie de consideraciones sobre el sueño que nos parecen de mucha utilidad con el fin de conocer nuestro cuerpo.
Dormir no significa sólo descansar.
Los científicos han descubierto que cada individuo posee una huella genética del sueño y que de noche el cerebro pierde masa para poder aprender.
Dormir demasiado acorta la vida.
En los deprimidos el insomnio controlado mejora el humor.
Dormir no es más que una aparente condición de inactividad.
El sueño no es descanso sino una especie de vigilia diferente.
Mientras se duerme el ahorro de energía es mínimo.
Disminuye la sensibilidad a los dolores producto de lesiones.
Aumenta la leptina que es la hormona que bloquea el apetito.
Hace adelgazar.
El insomnio está ligado al riesgo de sobrepeso.
Las células del cerebro segregan la hormona del crecimiento.
Facilita la curación de las heridas, la renovación de la piel y la regeneración de órganos y fibras musculares.
Las defensas inmunitarias trabajan a pleno rendimiento para producir anticuerpos de todo tipo.
Resulta bastante certero decir que “todo lo cura un buen sueño”.
Dormir y soñar son para las neuronas y las sinapsis un entrenamiento indispensable para aprender y fijar recuerdos.
Cuanto más estamos despiertos más aprendemos y el sustrato del aprendizaje se basa en el reforzamiento de las sinapsis.
Durante la noche la función del sueño recalibra el cerebro atenuando la intensidad de las sinapsis.
Una vez hecha esta poda nocturna las sinapsis más fuertes sobreviven.
A la mañana siguiente el cerebro habrá afirmado los recuerdos y se ha aligerado.
El sueño tiene un toque hereditario muy elevado.
Son hereditarios los hábitos del sueño.
Actualmente está demostrado que dormimos una hora menos de media como consecuencia de internet, los móviles, la televisión. Vivimos en un mundo donde todo está “siempre encendido”.
Tanto el hábito de dormir mucho como el de dormir poco parecen poco saludables.
Dormir menos de seis horas aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Dormir más de nueve horas aumenta el riesgo de morir por otras causas.
Conviene que dediquemos a las noches entre seis y ocho horas.
10-II-09
Morfeo