Idolatratía

Una muerte siempre es algo luctuoso y triste porque se trata de un ser humano.
La muerte de Michael Jackson lo es y no nos queda otra que desearle una transición al más allá pacífica y esplendorosa como fue su éxito musical.
Quizás haya sido una liberación deseada por la prisión humana en la que se encerró él mismo.
Toda la mitomanía e idolatría que se genera cuando muere una persona que ha logrado un éxito como el denominado Jacko por las masas ya nos parece excesivo y muchos divos de la canción, el cine, el teatro y demás actividades multitudinarias deberían repensar sus actitudes y formas de comportamiento.
Escenas de histeria coectiva y adoraciones extremadas siempre van paralelas a la desaparición de estos ídolos que muchas veces tienen los pies de barro.
También, al hilo de la repercusión mediática, se establece una parafernalia de medios interesados y de figurines que remedan los comportamientos del ídolo desaparecido.
Nadie menciona los aspectos humanos y los valores que pudiera tener o bien quizás hubiera olvidado ejercitar.
Sólo se detienen en los miles de discos vendidos, las fortunas acumuladas y aquellos excesos o vicios en los que sobresalieron.
Por eso es importante que los que manejan la comunicación, los que iven de ella y los que se sirven de ella tuvieran más cuidado en presentar ciertos acontecimientos porque de ello depende las formas que puedan adquirir nuestros jóvenes que en definitiva son los pilares de la futura sociedad.
Quizás si se aprovecharan estos sucesos para efectuar una reflexión sobre lo que exponemos, famosos, comunicadores y potentados de los medios llegarían a un acuerdo básico de normas de comportamiento mucho más edificantes.
Criticus
27-junio-2009