Zaratustra y el barco Hispania: relato de un naufragio
El piloto del barco que estba navegando desde hacía tiempo hacia la tormenta que se avecinaba daba la impresión que le gustbaa el riesgo o el mando desmedidamente.
La nave hacía aguas por todas partes, el timón adolecía de grandes defectos, el motor cada vez se mostraba más reacio a sostener una velocidad adecuada de crucero, los instrumentos adolecían de ciertas carencias como consecuencia de los equivocados cálculos que se habían hecho, las olas tempestuosas inundaban las bodegas con frecuencia, la mercancia se movía en ocasiones merced a los movimientos fuertes que sufría, el gasóleo se estaba terminando, los víveres escaseaban ya y algunos estaban deteriorados, el agua se terminaba, los rayos que habían caído sobre las antenas las habían deteriorado gravemente, el casco tenía una vía importante de agua que estaba siendo achicada y hacía tiempo que en la sentina del barco se notaba un ir y venir de extraños animales que los más entendidos decían que eran ratas.
Se trataba de un gran barco desde luego, pintado esmeradamente, con motores de última generación, todo él fabricado con las últimas tecnologías pero que ,visto con ojos expertos, podríamos decir que había sido maltratado por la desidia, el mal uso y la estulticia de los que se les presumía un conocimiento y experiencia del arte de navegar.
En el horizonte la tormenta arreciaba y el capitán dirigía la nave hacia su centro precisamente pese a que a sus espaldas algunos oficiales y marineros le desaconsejaban la maniobra.
Él sólo oía su voz interior y recordaba que tenía que seguir los pasos de aquellos que retaban al peligro, que dejaban al margen el raciocinio y que anhelaban sólamente el mando y la ambición con una soberbia desmedida.
Deseaba batir todos los récords y ser recordado como el ser humano que había desafiado todos los peligros y dificultades y que había cambiado todo en los últimos en los últimos años sin importarle el destrozo que había originado en las entrañas del propio barco y en los sentimientos y valores de su tripulación, incluso se imaginaba el oráculo y el egurú de una gran organización mundial.
Después vino el silencio etéreo.
Lo cierto es que con el paso de los años un equipo de investigadores que buceaba en aquellas procelosas y difíciles aguas descubrió en las profundidades un casco o pecio que asombró a los científicos porque cuando leyeron el nombre del barco HISPANIA y el de su capitán ZARATUSTRA pudieron explicar la misteriosa desaparición años atrás del barco y de sus tripulación que apuntaba maneras de progreso y de cambio en el arte de navegar.
9-septiembre-2010
Criticus