Telebasura
Alguien o algunos que tengan algo de responsabilidad política y legislativa debería emplear el tiempo en considerar la conveniencia de reconducir ciertos programas televisivos que se emiten en horarios en que los niños y los adolescentes están contemplando semejantes bodrios.
Nos referimos a esos programas en que la vida particular y pública de las personas se muestra en el escenario de los platós después de ofrecer una suculenta remuneración aprovechando la ambición de todas las personas que , después de sentarse ante las cámaras y de hacerles la disección de sus vidas, ofrecen todos los aspectos negativos .
Las más de las veces, y sobre todo si no obedecen las indicaciones de los pseudoreporteros perseguidores de la intimidad, se inmiscuyen en sus vidas y les acosan de forma que los psiquiatras me imagino deben tener el trabajo asegurado.
¿ Y los pseudoperiodistas que integran esa panoplia de comentadores y presentadores?
Un aire viciado de intromisión, desconsideración y falta de respeto en todos los sentidos donde se confunden las noticias con una torticera forma de interpretar el "festival" televisivo para elevar la audiencia y así colocar los paquetes publicitarios millonarios.
Desde el punto de vista del tevidente normal esto no es asumible, pero claro está el morbo es libre y mucha gente se pega al televisor con el objeto de ver cómo el divo de turno puede conducir el programa hacia derroteros violentos y se monta la mundial delante de las cámaras o se oyen opiniones de pseudoperiodistas que afilan sus armas descalificatorias y destilan la hiel de los sectarios .
Además, su asombro y compulsión es grande cuando suceden hechos que hielan la sangre como los maltratos, las violaciones y las muertes de adolescentes, ofreciendo imágenes y opiniones de todo tipo sin recato ni cuidado en el impacto que pueden provocar.
Más tarde se lamentan del problema educativo y de los problemas que tiene la sociedad, eso sí después de ingerir todos los productos que los espectadores que asisten al programa entre gritos, voces y exclamaciones altisonantes jaleadas por el conductor de turno.
Mientras tanto aquellos que tengan todavía ciertas neuronas intactas sólo les queda desconectar, que sería lo más inteligente, ya que inmediatamente lo gurús de la televisión cambiarían la programación.
En realidad ésto cuesta meos que adaptar los aparatos a la TDT.
No sólo es problema legislativo si no que también de ciudadanía.
8 de abril de 2010
Criticus